Yehudí – Daber Ivrit! “¡Habla en hebreo!”, exhortaban las pancartas a lo largo y ancho del Eretz Israel de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. El terreno estaba allanado para la batalla lingüística que habrían de mantener los judíos de Palestina, lucha de la que, en definitiva, saldría victorioso el idioma hebreo.
Sin embargo, la batalla no fue ganada con ayuda de milagros sino a través de la obstinada determinación de muchos soldados de infantería. Hoy en día uno puede abrir cualquiera de los diarios en hebreo y sentirse abrumado por la cantidad ofertas culturales para nuestro preciado tiempo libre –teatros, comedias, música, periódicos, ciclos de conferencias, libros, cursos, sitios de Internet-, todos en hebreo. ¿Cómo fue que sucedió esto?
|
Una revolución en marcha
 Portada de Hakeshet, periódico berlinés en hebreo, 1906
|
En la Diáspora, durante alrededor de 2.000 años, el hebreo fue el idioma de los rituales, la liturgia, los estudios judaicos. En la Edad Media, el idioma hebreo fue utilizado como una herramienta para promover tanto la cultura como el desarrollo de ideas literarias y científicas. A comienzos del siglo XIX, con la Ilustración Judía en pleno curso, el hebreo se había convertido en una lengua escrita –y algunas veces también hablada- bastante popular entre la elite educada de Europa, mayormente secular.
“Tal vez sea el último de los poetas de Sión y ustedes, los últimos lectores”, se lamentaba Yehuda Leib Gordon, un poeta hebreo nacido en Vilna, en 1831. Abraham Mapu (1808-1867), otro judío lituano, escribió la primera novela romántica en hebreo. En Vilna, en 1880, Sara Menkin Foner publicó El amor de los justos, la primera novela en hebreo escrita por una mujer. Promediando el tercer cuarto del siglo XIX, había diarios y semanarios en hebreo, algunos más duraderos que otros, todos ellos foros vibrantes para el intercambio de ideas políticas y culturales: Pirjei Tzafón, Hamelitz, Hacarmel, Hashajar, Tzión, Kol Hamevaser.
Pero cuando la Haskalá, o Ilustración Judía, no pudo hallar respuesta al renovado antisemitismo y a las dolorosas restricciones impuestas a sus ya de por sí limitados derechos, los judíos se volcaron en gran número en favor de un nacionalismo judío. Estos primeros grupos de Hovevei Zión se trasladaron a Eretz Israel y allí establecieron las comunidades de inter aliá, Rishon LeTzion, Guedera, Rosh Piná, Rejovot y Petaj Tikva. El hebreo se había convertido en un símbolo de unidad y en un medio de comunicación para la revuelta contra el establishment político y religioso, y quien mejor entendió todo esto fue Eliezer Ben Yehuda.
“Lo que hacían cada uno de aquellos refugiados del mundo de las ieshivot de Odesa, Vilna, Varsovia, Lemberg y Viena, que buscaron crear poemas seculares y cuentos a través del idioma hebreo de los textos sagrados que habían absorbido durante su tierna juventud, era, implícitamente, declarar que, a partir de ese momento, la cultura judía tendría un nuevo significado capaz de conducirla hacia un nuevo contexto de modernidad europea, completamente distinto al existente en aquel entonces. La religión dejaría de ser el término utilizado más comúnmente para definir la existencia judía, y el idioma hebreo dejaría de ser la lengua sagrada sometida a los dictámenes de la casta clerical para convertirse en el medio de expresión de una cultura nacional.”
Fragmento de "Hebreo y modernidad," de Robert Alter
Hebreo en el hogar
|
Entre los miles de inmigrantes que afluyeron al país en los comienzos del siglo XX, se encontraba un hombre escuálido y enfermizo, proveniente de Lituania. La pasión de este hombre era el idioma hebreo; se llamaba Eliézer Perelman pero adoptó el apellido Ben Yehuda. A quienes pregonaban el Iluminismo hebreo en Europa, Ben Yehuda retrucaba: “No tiene sentido gritar: ‘cifremos esperanzas en la lengua hebrea, para que no perezcamos’. El idioma hebreo sólo vivirá si revivimos la nación y la conducimos de regreso a su patria. ¡Hagamos entonces que el hebreo reviva de veras! ¡Enseñémosles a nuestros jóvenes a hablarlo y ellos nunca le volverán la espalda! El primer paso concreto en cualquier esfuerzo por vivir el judaísmo como una civilización debe ser aprender el idioma hebreo.”
Incluso antes de ir a Palestina, Ben Yehuda había decidido hablar sólo en hebreo con cada judío que se encontrara por la calle. Le gustaba recordar las primeras conversaciones que mantuvo en hebreo, poco después de haber desembarcado en Jaffa junto a su esposa: primero habló con un hombre que cambiaba moneda, luego con el conserje de un hostal y por último con un cochero judío, pura y exclusivamente en hebreo.
|
El Ulpan: hebreo enseñado en hebreo
Con el establecimiento de Israel y la afluencia de cientos de miles de nuevos inmigrantes, el nuevo Estado se vio obligado a diseñar un método eficiente para la enseñanza del hebreo. El Ulpán, palabra que etimológicamente proviene del hebreo y del arameo , es un curso intensivo de idioma hebreo. Además del dominio básico de la lengua, los docentes del ulpán imparten las nociones básicas de la cultura israelí, su historia, geografía y el legado judaico, acelerando de esta forma la integración de los inmigrantes en el tejido de la sociedad israelí. Hoy en día existen aproximadamente unos 220 ulpanim en Israel, a los que asisten más de 27.000 alumnos. Desde 1949 hasta la fecha, 1.220.00 personas estudiaron en ulpanim. De Gales a Azerbaijan, de Cataluña a Nueva Zelanda, muchas de las más pequeñas naciones del mundo se han inspirado en esta experiencia judía. En los años ’60, en Gales, se creó una cadena de institutos de enseñanza del idioma galés que tomó como base el modelo hebreo. De hecho, los galeses se refieren a sus clases de galés como “el ulpán”. |
Cuando nació su primer hijo, Ben Yehuda prometió que aquel niño sería el primero de la historia moderna en ser criado nada más que en hebreo. Al dirigirse al pequeño Itamar, Ben Yehuda y su esposa se encontraron más de una vez acuñando nuevas palabras hebreas para referirse a objetos tales como una bicicleta, un omelette, un helado, una toalla y cientos más. A medida que Itamar fue creciendo, también creció la lengua hebrea. Año tras año, durante unas cuatro décadas, Ben Yehuda fue anotando cada nueva palabra y compilando lo que habrían de ser los 17 tomos del Diccionario Completo de la Lengua Hebrea Antigua y Moderna. En 1890, para agilizar el trabajo, Ben Yehuda fundó el Consejo de la Lengua Hebrea, que posteriormente daría lugar a La Academia de la Lengua Hebrea, la misma que aún se reúne regularmente para acuñar nuevos términos, responder a las preguntas de la gente y establecer las normas del hebreo moderno. En palabras del historiador Cecil Roth: “Antes de Ben Yehuda… los judíos podían hablar en hebreo, después de él, de hecho lo hicieron.”
|
|
Ben Yehuda fundó HaTzvi, un periódico hebreo que cubría cuestiones de interés general para la gente que vivía en su propia tierra, temas de orden internacional y local, partes meteorológicos, moda, deportes, etc.
|
En las ciudades
En la Alliance Israelite Universelle, la escuela de mujeres de la ciudad de Jaffa, las lecciones se impartían en francés. Dirigida por Rosa Jaffe, ya en 1897 el colegio contaba con 250 alumnos. Las maestras de la Alliance bregaron a favor de la adopción de un programa de estudios completamente en hebreo, mientras que a los patrocinantes parisinos les parecía completamente inaceptable tener que cambiar el francés por el hebreo también para las materias generales. En 1903, en respaldo a su cuerpo docente, Rosa Jaffe rompió relaciones con los donantes y estableció la Autonomia School, que pronto se convertiría en un centro educativo y cultural del idioma hebreo.
Las maestras, que vivían en el segundo piso del edificio, participaban activamente en el desarrollo de los movimientos políticos judíos y de las instituciones nacionales. Los grupos religiosos locales se referían a la calle donde quedaba la escuela como Treifengassl: la calle no kosher.
A finales de 1903 la Escuela Secundaria Hertzlia de Jaffa había sido fundada con 17 alumnos y mucho amor propio. En 1906 se estableció el Seminario de Maestros de Hebreo Ezra y en 1913 los Hovevei Sión fundaron el Levinsky, otro seminario de maestros de hebreo que aún existe y continúa en expansión. No conformes con la idea de idea de educar a sus hijos en yidish, en las escuelas de Talmud Torá, los líderes progresistas de un vecindario religioso fundaron un colegio que fue conocido como el Tajkemoni, el primer colegio religioso y hebreo del país. En 1913 contaba ya con unos 250 alumnos.
|
“En un idioma tan rico en expresiones bíblicas e históricas, casi toda conversación evoca nuestro legado judío.” Lisa Fliegle, poetisa hebrea.
|
El conflicto del idioma
En el verano de 1913, los preparativos para la inauguración del Technion de Haifa generaron revuelo. Corrían rumores de que el principal idioma de instrucción habría de ser el alemán. Un grupo de jóvenes estudiantes de escuelas secundarias hebreo-parlantes de Tel Aviv y Jerusalén elevó una apelación urgente a Ahad Ha’am, uno de los miembros del Consejo Directivo.
“Le hemos demostrado al mundo entero que el hebreo es el único idioma que puede y está en condiciones de ser la lengua de habla cotidiana y de instrucción en nuestra tierra; hemos cifrado muchas esperanzas en esta única institución de enseñanza superior que está a punto de establecerse en nuestro país. Nos hemos regocijado con la idea de seguir adelante con nuestros estudios y recibir una formación completamente en hebreo. ¡EL IDIOMA DEL TECHNION PUEDE Y DEBE SER EL HEBREO!
Por decisión mayoritaria se determinó que no habría de haber un idioma único de instrucción: las materias técnicas y las ciencias naturales, por ejemplo, se dictarían en alemán. El estallido del “conflicto idiomático” provocó la renuncia de tres miembros de las autoridades sionistas.
En poco tiempo, sin embargo, a medida que se fue incrementando exponencialmente el número de hablantes del hebreo, el conflicto terminó siendo irrelevante. En 1921, ya con la segunda generación de hablantes nativos del hebreo ingresando en la edad adulta, el Mandato Británico reconoció al hebreo como la lengua oficial de los judíos de Palestina.
En todo el mundo
Durante los últimos doscientos años hemos presenciado el crecimiento de la cultura hebrea moderna, y durante los últimos ochenta la hemos visto florecer en terrenos como la prosa, la poesía y el teatro. La industria editorial israelí es una de las más prolíficas en relación a su cantidad de habitantes: cada uno de los casi 200 editores del país publican entre 5 y 150 libros al año. Además, se imprimen publicaciones acerca de todas y cada una de las cuestiones académicas, ciencia, hogar, deportes… Las publicaciones sobre arte tradicional y literatura conviven con revistas y boletines de arte y política.
En 1966, S.Y. Agnon (1887-1970), el gran escritor modernista israelí, fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura. El canon hebreo no sólo se ha visto enriquecido por el aporte de inmigrantes de habla inglesa, como el Profesor Simón Halkin, T. Carmi y Reuven Avinoam, sino que además, gracias al talento de otros inmigrantes escritores, las novelas hebreas, traducidas a otros idiomas, han alcanzado los primeros puestos de venta en varios países del mundo. Con los recientes destellos de la intensa actividad literaria del país, muchos escritores israelíes han saltado a la fama mundial, entre ellos Amos Oz, A.B: Yehoshua, Shulamit Hareven, Yoram Kaniuk, Aarón Appelfeld, Savion Liebrecht, David Grossman, Yehudit Katzir, Batya Gur, Meir Shalev y Yoel Hoffman.
El hebreo se ha convertido no sólo en la lengua madre de varios millones de personas, sino también en una lengua contemporánea que satisface las distintas demandas lingüísticas de una sociedad moderna. Esto es algo sinceramente prodigioso, teniendo en cuenta que ciento veinte años atrás el idioma hebreo no contaba prácticamente con ningún hablante nativo. No podemos sino rendir nuestro humilde homenaje a los dedicados esfuerzos de quienes nos han precedido.
Incluye extractos de la obra de la escritora y traductora Judith Cooper Weill .