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א' באדר תשס"ז, 19 בפברואר 2007 

POR LA CAÍDA DE TU ENEMIGO, ¿ALÉGRATE O NO TE ALEGRES?


por Moshe Feiglin, titular del movimiento Manhigut Yehudit (Liderazgo judío)

En la era posmoderna que renuncia a los conceptos del bien y el mal en su locura de trastrocamiento de valores, agradecemos al Creador del universo que ha quitado del mundo a ese asesino. Alcemos la copa por la vida de todos los judíos que, por esa razón, seguirán viviendo.

B"H

"Quiero transmitir mis condolencias por la muerte de Arafat" (Arieh Golan entrevista a Ahmad Tibi, Reshet Bet de "La voz de Israel").

A la madrugada, la pequeña lancha de la patrulla costera de la policía israelí partió fuera de las aguas territoriales del país. En altamar se abrió una pequeña caja que contenía ceniza y polvo de huesos. El contenido se dispersó a los cuatro vientos. Al finalizar su misión, la embarcación regresó a las costas de Israel.

Eso sucedía en 1961; la ceniza era la del asesino de judíos Eichmann, y la época era la del gobierno de Mapai, antes del cambio de valores de Oslo.

Si aquel hombre hubiera sido capturado hoy en día, cabe suponer que un entusiasta grupo de admiradores israelíes habría acompañado el ataúd hasta el aeropuerto, y que Arieh Golan habría hablado con sus allegados para transmitirles en vivo sus condolencias. Pues, ¿qué diferencia hay entre Eichmann y Arafat, a excepción de la gran eficacia del primero? En los sesenta años transcurridos desde el final de aquella guerra, Arafat fue responsable del asesinato de más ciudadanos judíos que cualquier otra persona en el mundo. Unos minutos antes de subir al avión que lo condujo a París, alcanzó a firmar una transferencia de fondos a diversas organizaciones asesinas. Casi no hay ningún israelí que no tenga un familiar o amigo muerto por orden de este archiasesino, pero al oír los informes de los medios de comunicación parecería tratarse de alguno de los padres del sionismo.

¿Qué significado tiene esta enfermedad mental, que empezó con aquel apretón de manos en los jardines de la Casa Blanca? La mayor parte de los israelíes, aunque no sean religiosos, están munidos de una brújula con los valores judíos tradicionales. No se dejan confundir por la locura que se ha apoderado de los líderes israelíes y de un reducido estrato social que trata de desprenderse de su identidad judía. Si bien es cierto que siempre habrá rabinos que se alineen con la postura oficial y purifiquen lo espurio, se trata siempre de una minoría carente de significado. Desde el Cántico del Mar, pasando por la ejecución de Haman hasta llegar a la muerte del enemigo alemán, los judíos sensatos siempre han sabido regocijarse con el extravío de los malvados.

En la era posmoderna que renuncia a los conceptos del bien y el mal (y cede el escenario de la historia exclusivamente al mal), en la locura de trastrocamiento de los valores, cuando una nación entera parecería haber perdido la fe en su justificación, es correcto e importante crear un ancla clara de cordura. En el mundo existe el bien y existe el mal. Nosotros nos aferramos al bien, combatimos el mal y nos complacemos de su extravío. Nos duelen los judíos que murieron porque no aniquilamos ese mal muchos años atrás. Agradecemos al Creador del Universo que ha quitado del mndo a ese asesino. Alcemos la copa por la vida de todos los judíos que, por esa razón, seguirán viviendo. Tal como dice en Proverbios 11:10: "con la perdición de los malos grita de alegría".


por el Rabino Menahem Fruman, rabino de la población
de Tekoa

La gente de izquierda que se estremece al ver a un judío religioso que se regocija con la muerte de un malvado, representa en realidad un nivel espiritual más elevado. Precisamente esos laicos exponen el punto de vista de Dios, que no se complace con la caída de los malvados.

B"H

El interrogante sobre si resulta adecuado regocijarse con la derrota del enemigo aparece explícitamente en Job; también nuestros sabios, de bendita memoria, profundizaron en su análisis. En mi modesta opinión, el estudio de la Biblia no implica la adquisición de verdades ni la obtención de respuestas, sino la formulación de una pregunta suprema y el desarrollo de la sensibilidad ante la complejidad de la existencia humana.

A fin de contribuir con el desarrollo de dichas sensibilidades, quiero analizar una cuestión talmúdica que empieza con un versículo del Deuteronomio: "Y sucederá que lo mismo que Dios se complacía en haceros favor [cuando hacíais lo correcto]… así se gozará en perderos [cuando os comportáis de manera incorrecta]". El versículo se refiere al pueblo judío, cuando pecamos y somos malvados, y de él se desprende la clara impresión de que Dios se complace en castigar a los malvados, tal como dice: "con la perdición de los malos grita de alegría".

La Guemará expone una postura diferente, que se contrapone a la anterior, y plantea una pregunta retórica: ¿Dios se complace realmente con la caída de los malvados? ¿Es posible? Cita dos fuentes de la que se desprende que ello no es así. La más conocida es la tradición según la cual, cuando los egipcios se ahogaron en el Mar Rojo, esos mismos egipcios que habían esclavizado y mortificado al pueblo de Israel, arrojando sus hijos al Nilo, Dios no se regocijó con su caída. Y cuando la cohorte de ángeles quiso cantar ante Él, Dios los reprendió: "Mis criaturas se ahogan en el mar, ¿y vosotros cantáis?"

Y entonces, ¿qué? El Talmud expone ambas posturas contrapuestas sobre la posibilidad de regocijarse con la caída de los malvados. ¿Pueden ser compatibles? El Talmud responde: "Él [Dios] no se regocija, pero a otros [los seres humanos] les permite regocijarse". Es decir, la alegría de los seres humanos ante la caída de los malvados es una reacción natural y humana, que no debe ser denostada. Tal como lo relata el midrash, cuando los hijos de Israel se detuvieron a orillas del Mar Rojo y vieron que los egipcios se ahogaban, se regocijaron al ser testigos de la caída de sus enemigos. Se puede inferir del Talmud que existe una justificación para aquellos judíos que, al oír la noticia sobre la muerte del enemigo, se congratularon y aun alzaron una copa; ésa es una reacción natural y sana, porque el enemigo era culpable del derramamiento de la sangre de más de mil hijos de nuestro pueblo.

Pero existe un nvel más elevado, aquél que el Talmud atribuye a Dios. Todo ser humano es un ser humano, cualquier muerte es una muerte; la muerte de un ser humano nunca suscita alegría.

Las palabras del Talmud concuerdan con la concepción del Rabino Kuk acerca de la relación de los laicos y los religiosos. El Rabino sostenía que en custiones cruciales, el sector laico demostraba un nivel espiritual más elevado que el sector religoso. Éste último –por supuesto, en términos generales– es más fuerte en el ámbito de la enmienda; vive de acuerdo con normas sanas y naturales, es portador de valores y un orden de vida que implican una bendición. Pero la gente de izquierda que se estremece al ver a un judío religioso que se regocija con la muerte de un malvado, representa en realidad un nivel espiritual más elevado. Precisamente esos laicos exponen el punto de vista de Dios, que no se complace con la caída de los malvados.

Ésta es la ocasión de analizar la expresión "almas nobles". Aparentemente es un gran elogio decir que una persona tiene nobleza de alma: eso significa que es delicada y sensible, que es consciente de la tragedia y la insoluble problematicidad de la existencia humana. Pero esta concepción, precisamente por su elevada espiritualidad, puede destruir la existencia natural y sana. Quien no sabe que el enemigo es el enemigo, puede pagar un precio muy alto. Dios habrá de orientarnos con respecto a la proporción adecuada entre la salud natural y la espiritualidad divina: en qué sentido es correcto regocijarse con la caída del enemigo, y en qué sentido es acertado oír el consejo del más sabio entre los hombres: "No sea que lo vea Dios y le desagrade" (Proverbios 24:17-18).



באדיבות 'זירת פיוס' – מדור משותף ל'ynet' ולקרן 'אבי חי'

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domingo 27 mayo de 2012 Agencia Judía. Todos los derechos reservados יום ראשון ו' סיון תשע"ב