Considero que parte del compromiso de ser un Estado Judío es evitar la oposición pública a valores judíos básicos, e indudablemente la venta de jametz en Pésaj es una oposición falta de cultura a la tradición judía. Nadie tiene la intención de entrar a la cocina de cada ciudadano, pero el comportamiento público del Estado de Israel lo obliga a tomar en cuenta valores judíos y respetarlos.
No me gustaría que un judío que respeta su legado en la Tierra de Israel se sienta como en la Diáspora, o como en un país extranjero. El ambiente de Pésaj se tiene que sentir en las calles, así como espero que una madre eduque a sus hijos a conocer el acervo judío, el pensamiento y las costumbres judías desde un respeto a la milenaria cultura del pueblo judío.
No estoy seguro que se pueda alcanzar estos objetivos por medio de la legislación. Obviamente éste no es el camino principal, y si hemos llegado a esto es sólo un reflejo de la lamentable situación de alejamiento de parte del pueblo judío de la tradición, la cultura y los valores judíos.
No creo que una minoría que desconoce su cultura deba imponerse a la amplia mayoría que desea sentir el ambiente de la fiesta y sus costumbres. Hay aquí una especie de imposición laica a todo un público. Estoy convencido de que quien entra al supermercado no querría encontrar pan en los escaparates.
Lamento profundamente que una pequeña minoría se consagre a la guerra contra los valores judíos básicos, y eso me plantea un análisis de conciencia personal: ¿cómo llegamos a esta situación?