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המחלקה לחינוך יהודי-ציוני, חטיבת האופק, תחום ליווי שליחים

א' בסיוון תשס"ו, 28 במאי 2006

שתי דעות

¿Es posible la coexistencia religiosa-laica?

¿Cómo vivir y dejar vivir?

Por la Prof. Ruth Gabizon

Ha de preservarse la libertad de culto de quien observa los preceptos religiosos, pero no ha de hacerse de las leyes estatales un uso destinado a imponer una conducta religiosa a quien no observa dichos preceptos.

Si ambas partes entienden y aceptan que, a pesar de las discrepancias, comparten algo profundo, ése habrá de ser el primer paso hacia la posibilidad de una coexistencia mejor, los unos junto a los otros y los unos con los otros.

El problema primario en las relaciones entre religiosos y laicos (o entre observantes y librepensadores) radica en que consideran a sus relaciones como una lucha sin concesiones, como un juego empatado cero a cero, en el que sólo se puede ganar o perder. Entre ambas partes se ha desarrollado recelo, falta de confianza en las buenas intenciones del otro, en su honestidad y confiabilidad. El problema se torna más complejo porque el desgarramiento se da no sólo entre religiosos y laicos; se trata de una brecha que se ahonda por otras fracturas próximas y en parte superpuestas, como entre la izquierda y la derecha, entre la tradición y la modernidad, y entre distintos enfoques sobre el estado. Hoy en día, la tensión se agudiza a raíz de la polémica en torno del plan de desconexión. En cada contexto, la polémica parece una lucha entre dos sistemas de verdades y valores contrapuestos, y existe la tendencia a ver las conciliaciones como una especie de renuncia inapropiada.

Pero en esta visión se percibe una terrible estrechez de miras, que omite el hecho de que religiosos y laicos, así como las partes involucradas en todas las otras polémicas, comparten un destino histórico común en su condición de integrantes del pueblo judío. En la lucha intrajudía por la definición del judaísmo en el siglo XXI, los activistas de ambos bandos olvidan que el interrogante existencial del pueblo judío no consiste en saber quién de nosotros triunfará, sino si habremos de sobrevivir como pueblo, y cómo sucederá eso.

En mi opinión, nuestras probabilidades de sobrevivir como pueblo dependen de nuestra capacidad de encontrar la forma de enriquecernos con la multiplicidad y variedad interior de formas de existencia judía en estos tiempos, sin invalidar ni rechazar ninguna de ellas. Por ello quiero un marco compartido de vida en común de los judíos en Israel. Este marco me permitirá, a mí y a quienes se me parecen, desarrollar identidades judías no-religiosas, basadas en el orgullo creativo moderno de nuestra pertenencia a un pueblo antiguo que ha legado a la cultura univeral la Biblia, y en nuestra capacidad de recrear nuestro hogar nacional en nuestra patria histórica como una sociedad esclarecida y justa. Ese marco permitirá a los religiosos desarrollar su identidad antigua y vivirla en la Tierra de Israel, y garantizará que en ese intento nos ayudaremos mutuamente a preservar nuestra cultura específica, adoptando una actitud honesta y respetuosa ante todos los que viven entre nosotros.

En ambos sectores de la polémica hay quienes piensan que en esta discrepancia cultural no hay alternativa a un combate intransigente por los principios, aunque esa lucha ahonde la hostilidad y el enojo entre ambos bandos. No me cuento enre ellos. En mi opinión, los judíos en Israel y en el mundo deben afrontar desafíos trascendentes, y es importante que puedan hacerles frente unidos. Más aún, tengo la sensación de que con respecto a las diferencias en el estilo de vida religioso, la gente tiene gran disposición a las soluciones de "vivir y dejar vivir"; por eso, se puede llegar a entendimientos que reduzcan la sensación de conflicto y hostilidad.

El objetivo de los entendimientos no consiste en generar la ilusión de que presuntamente no existen diferencias significativas entre una concepción de mundo religiosa y otra que no lo es. Su objetivo es permitir a la gente con cosmovisiones diferentes, y a veces contrapuestas, convivir y aun fortalecer la sensación de un destino nacional, cultural e histórico común. El objetivo consiste en permitir a quienes consideran que su identidad judía les es importante, desarrollarla, preservarla y legarla a sus hijos, de la manera que consideren apropiada.

Los principios de entendimiento básico deben incluir el acuerdo de que ha de preservarse la libertad de culto de quienes observan los preceptos religiosos, pero que no ha de hacerse de las leyes estatales un uso destinado a imponer una conducta religiosa a quien no observa dichos preceptos.
 Esto es no sólo imprescindible, sino también posible. La gente siente una profunda necesidad de encontrar la forma adecuada de "vivir y dejar vivir", que incluya tanto un destino compartido como la libertad de preservar las particularidades. Éste es el método propuesto en el acta que he redactado con el Rabino Yaacov Medan (véase el enlace adjunto). Si lo queremos, no será una leyenda.

¿Cómo fusionar el judaísmo y la democracia?

Por el Rabino Yaacov Medan

La nueva identidad israelí no puede servir de aglutinante y unificador lo suficientemente fuerte ante las amenazas externas a la existencia del Estado de Israel. Sin ese aglutinante, toda la empresa sionista estará en peligro de colapso.

El Estado de Isrel surgió en primer término como un estado judío. El Movimiento Sionista fundó el Estado de Israel como el estado de los judíos. La definición del estado surge también de la Declaración de la Independencia. Sobre esa base se ha legislado la Ley del Retorno y se han emprendido guerras por el resurgimiento del estado y por su subsistencia.
Con el paso del tiempo, el Estado de Israel ha entrado cada vez más en el seno de las naciones esclarecidas y en la cultura que las impulsa, y ha internalizado en su identidad los valores democráticos de dicha cultura de manera tal, que hoy en día se considera lo suficientemente democrático como para ser judío.
Estos dos valores tan predominantes conducen al estado, contra su voluntad, a la encrucijada en la que se encuentra actualmente.
Una vía, que será la opción por descarte si no invertimos esfuerzos para salir a tiempo de la trampa, es una senda que se estrecha paulatinamente hasta no poder albergar a un tiempo a esos dos valores. La lectura de las fuerzas que actúan en estos momentos en el país me lleva a pensar que el estado optará por sus valores democráticos, y que sus valores judíos quedarán cada vez más relegados. A partir del creciente número de no-judíos que obtienen carta de ciudadanía, el estado pasará a ser el estado de todos sus ciudadanos, y la identidad nacional de los ciudadanos judíos pasará de una identidad "judía" a una identidad "israelí", o se desvinculará de su identidad civil.
El Estado de Israel, que dejará de ser el estado judío, hará estallar el sueño de un centenar de generaciones, el sueño del Movimiento Sionista, se construirá sobre cimientos nuevos, "israelíes", con raíces más jóvenes y tiernas que la nación árabe en la Tierra de Israel, y correrá el peligro de no poder hacerles frente a la hora decisiva. También la Ley del Retorno, que se yergue frente a la idea del regreso palestino al Estado de Israel, puede no estar en condiciones de afrontar la prueba, cuando la democracia doblegue al judaísmo del estado.
Más aún: quienes no renuncien a su identidad judía como identidad primaria, sentirán enajenamiento y frialdad ante ese estado de nueva identidad "israelí", y se reducirá su disposición a sacrificarse por la existencia del mismo. La nueva identidad israelí no puede servir de aglutinante y unificador lo suficientemente fuerte ante las amenazas externas a la existencia del Estado de Israel. Sin ese aglutinante, toda la empresa sionista estará en peligro de colapso.
La segunda vía, cuyo tránsito exige un esfuerzo nada desdeñable, es la que aspira a fusionar los dos valores antes mencionados, el judaísmo y la democracia, y a aceptarlos como los integrantes de una pareja que forman una sola familia y que conducen juntos al Estado de Israel. Resulta muy fácil expresar esta vía en palabras de unidad, de integración, de judaísmo y democracia, tal como resulta fácil instalar el palio nupcial y realizar una boda en un salón resplandeciente junto a mesas bien servidas; pero no es fácil de implementar, y al igual que la vida rutinaria de una pareja, requiere mucho esfuerzo y no poca disposición al sacrificio de cada integrante de la pareja, para que ésta tenga éxito. Ésta es la vía que exige mucho esfuerzo al estado y a sus instituciones democráticas, para que reconozcan la identidad judía con todo lo que ello implica. También exige al estado y a sus instituciones el gran esfuerzo de hacer todo lo posible a fin de evitar la redacción de libros genealógicos separados y diferentes de los registros estatales de inscripción. Los libros genealógicos pueden separar para siempre el destino del pueblo judío observante del resto del pueblo. Esta vía exige también un gran esfuerzo al sector observante de los preceptos, a fin de que acepte oficialmente que su estado judío confiera la libertad individual y el debido respeto en todos los ámbitos posibles a todo aquel judío que no se manifieste interesado en vivir de acuerdo con las normas halájicas del Shulján Aruj.
Esta vía, con todo lo que implica, conlleva también una gran retribución: la capacidad de todos nosotros, tanto librepensadores como observantes de los preceptos, de apoyarnos mutuamente por el pacto renovado entre nosotros, de empujar el carro sionista, que en los últimos tiempos rechina un poco, por la empinada cuesta del desafío de la existencia continuada del estado al cabo de dos generaciones.

El acta Gabizon-Medan ha sido redactada por dos personas que se consideran pertenecientes a los dos "bandos" de la sociedad israelí en temas vinculados con la polémica antes mencionada. No obstante ello, se consideran comprometidos en un nivel ierenunciable con nuestra existencia compartida como un solo pueblo, una existencia que es la sola y única base de la prosecución de la existencia del estado, tanto en su condición de estado en el que resulte bueno vivir como en su carácter de estado digno de que le ofrendemos nuestras vidas. Un estado lo más judío posible y lo más democrático posible.

La Prof. Ruth Gabizon es docente en la Facultad de Derecho de la Universidad Hebrea de Jerusalén, profesora invitada en las Escuelas de Derecho de las Universidades de Yale y UCC, y titular de la cátedra Haim Cohen. Es miembro de la Asociación por los Derechos Civiles en Israel desde la década de 1970, la ha dirigido en la década de 1980 y ha sido su presidenta en 1996-1999. Ha sido miembro del Instituto Jerusalén para la Investigación de Israel, miembro senior del Instituto Israelí para la Democracia, y titular de la comisión académica del Centro Minerva de Derechos Humanos. En 2000 publicó, junto con el Rabino Yaacov Medan, el acta Gabizon-Medan, que pone de manifiesto el intento de plasmar concepciones sobre temas vinculados con la religión y el estado, que gocen de consenso religioso y laico. Ha recibido varios premios por su actividad pública y científica: el Premio EMET, el Premio Zeltner a la investigación jurídica, el Premi Avi-Hai, el Premio del Movimiento por la Tolerancia (junto con Rabino Yaacov Medan) y el Premio Jerusalén a la Tolerancia.

El Rabino Yaacov Medan, que dirige la yeshivá (academia rabínica) Har Etzion en Alon Shvut, es una de las personalidades más destacadas en el seno de los rabinos del sionismo religioso, y uno de los principales docentes de Biblia en el sector religioso-nacional en Israel. Cursó estudios en la yeshivá secundaria Netiv Meir en Jerusalén, y en 1968 se incorporó al primer grupo de alumnos de la yeshivá Har Etzion. Después de su servicio militar en el marco "Hesder" en el cuerpo de infantería, regresó a la yeshivá para desempeñarse como rabino-educador. Obtuvo su graduación rabínica y también un título de B.Ed. en el Instituto Jerusalén de estudios superiores y un M.A. en el Instituto Toureu. En 2004 fue elegido como sucesor del Rabino Yehuda Amital en la dirección de la yeshivá junto con el Rabino Baruj Gigi, cargo que empezó a ejercer en enero de 2006. El Rabino Medan enseña Guemará, Biblia y Pensamiento Judío, no sólo en su yeshivá sino también en decenas de instituciones en todo el país, y está considerado un docente muy solicitado. Asimismo, ha escrito numerosos artículos, en especial sobre Biblia, y columnas periodísticas. En 2000 publicó junto con la Prof. Ruth Gabizon el acta Gabizon-Medan, que constituye un intento de plasmar concepciones sobre temas vinculados con la religión y el estado, que gocen de consenso religioso y laico. 

באדיבות 'זירת פיוס' – מדור משותף ל'וואלה' ולקרן 'אבי חי'


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