12 de Julio del 2007 / 26 Tammuz 5767
Queridos amigos,
Muchos de ustedes en todo el mundo y en Israel están concientes de la sangrienta guerra que está teniendo lugar hace ya mucho tiempo en Sudán. Una guerra que se ha cobrado ya cientos de miles de víctimas y de refugiados, en especial en la región de Darfur.
En las últimas semanas, debido al cruce de la frontera con Egipto por parte de cientos de refugiados de Sudán, luego de una terrible y agotadora caminata, y su ingreso a territorio del Estado de Israel, pudimos ser testigos de esa tragedia tremenda. Y por fuerza de las circunstancias, nos convertimos en partícipes de la búsqueda de una solución al problema de los refugiados llegados a Israel.
El domingo último, en horas de la noche, recibí un pedido urgente del Despacho del Primer Ministro de ayudar y asistir a un grupo de refugiados que se hallaban faltos de todo en un parque público en Jerusalem. Aceptamos de inmediato el pedido, y nos preparamos en unas pocas horas para absorver decenas de refugiados en el albergue juvenil Ibim, aledaño a la ciudad de Sderot, para así brindarles un techo y un refugio.
En ningún momento albergué dudas de que , como miembros del pueblo judío, un pueblo que pasó por persecuciones, expulsión y exilio, que en la época de la Shoá no hubo quien se pusiera de su lado frente a la desgracia de refugiados, y les ofreciera protección y refugio, no podíamos permanecer indiferentes frente al sufrimiento de refugiados, desterrados de su patria y de sus hogares, sobre los que pende el peligro en su propio país. Sabía que debíamos responder de modo inmediato, por razones humanitarias y desde la solidaridad con el sufrimiento de los refugiados, y brindarles un refugio y una sensación de seguridad.
Los 58 refugiados que absorbimos en Ibim fueron recibidos por el abnegado equipo de la Aldea Juvenil que, con una organización rápida y eficiente, asistieron en el ingreso a las unidades de vivienda, pobladas durante el año lectivo por jóvenes olim, que participan en los numerosos programas de la Agencia Judía y que, en estos días, debido a las vacaciones de verano, estaban vacías de inquilinos.
Con la ayuda de un refugiado sudanés de 23 años que sabía inglés y que se convirtió en intérprete y en hombre de contacto entre la Aldea Juvenil y los refugiados, éstos fueron informados de la rutina cotidiana en la zona y de cómo conducirse ante los disparos de misiles Kassam. Debimos trabajar duramente para explicarles la especial situación en la que se hallan sumidos los habitantes de la zona desde hace siete años.
Entre los miembros del grupo se hallaban 24 niños y adolescentes menores de 18 años, dos mujeres embarazadas y 11 hombres jóvenes, todos por debajo de los 42 años de edad. Por ende, junto con el suministro de alimentos y productos básicos como pañales, alimento para bebés, agua mineral, implementos básicos para los bebés y golosinas, nos preocupó principalmente, también, la cuestión de cómo dar actividad a los niños. Dos de los estudiantes de Ivim, una de ellas Mulo de Etiopía, y el otro Robert del Cáucaso, en la ex URSS, se sumaron de inmediato a esta tarea y brindan a los niños juegos, canciones y actividades creativas y artísticas.
Las donaciones de ropa y juguetes comenzaron a llegar desde el primer momento desde Sderot y desde los poblados de la zona para los refugiados, así como del Instituto Sapir aledaño a nuestra Aldea Juvenil, que enfrenta sus propias dificultades con la inscripción de estudiantes con vistas al próximo año lectivo debido a la amenaza de los Kassam.
El ministerio de Salud y los médicos de la organización "Médicos sin Fronteras", con la ayuda de estudiantes voluntarios, efectuaron revisaciones médicas a los refugiados y vacunaron a los bebés y a los niños de acuerdo a las normas occidentales y a la ley israelí.
En cooperación con el "Comité para los Refugiados de Darfur en Israel", los hombres jóvenes fueron incorporados al trabajo agrícola en los poblados de la zona para posibilitarles mantenerse de modo digno.
En nombre de todos mis compañeros en la Agencia Judía, estoy orgulloso y me honro con el privilegio que nos ha tocado en suerte de tender una mano de apoyo a refugiados que han perdido todo, y brindarles una sensación de seguridad y protección, tal como lo expresó uno de los refugiados, quien dijo: "En nuestro camino hacia aquí, mis hermanos musulmanes me apuntaron con armas; aquí, en Israel, ustedes los judíos me dan su mano".
Quiero aprovechar la oportunidad para agradecer a todos los empleados de la Agencia Judía que fueron co-partícipes en este operativo, en primer lugar al Director General, Sr. Moshé Vigdor, el Director de la División de Absorción en el Departamento de Aliá, Sr. Zalman Perlmuter, a la Directora de la Aldea Juvenil Ibim, Sra. Sony Singer y a todo su maravilloso equipo.
Éste es uno de los más hermosos momentos del Estado de Israel y de la Agencia Judía. Lo es también del pueblo judío, en cuyo mundo la benevolencia, la tzedaká y la misericordia constituyen sus valores centrales.