En
Pesaj celebramos milagros. Celebramos el don de la libertad. Recordamos que Dios actuó en la historia para liberar a los Hijos de Israel de la esclavitud. Ésa es la razón por la cual en la noche del
Seder nos sentamos a narrar nuestras historias de éxodo y libertad. Pero, ¿qué significa para nosotros la idea de la libertad hoy en día? Afortunadamente, vivimos en una época en la que la mayor parte de los judíos ya no están sometidos a la esclavitud. Mucho tiempo después de la liberación de Egipto, nuestra tradición nos hace recordar una vez tras otra la lozanía de la idea de la libertad. Los dos pilares de nuestra tradición son el Génesis (
Bereshit, la Creación) y el Éxodo de Egipto (
Yetziat Mitzraim, la Redención). Vivimos con estos impulsos dinámicos. La creación representa la promesa de la renovación cotidiana, mientras que la redención es la meta que nos impulsa a convertir este mundo en un lugar mejor. La libertad nos da la capacidad de vivir una vida en la que nos esforcemos en crear y enmendar, renovar y corregir. Con la libertad viene la responsabilidad. Sin un sistema ético en sus cimientos, la libertad es una farsa. Es por esto que aun los rabinos del período talmúdico que interpretaron nuestra Biblia, entendieron que la libertad se basa en la ley.
Después de la liberación de Egipto leemos la historia del otorgamiento de la Torá. Estos Diez Mandamientos son las leyes éticas que han guiado al pueblo judío a través de nuestra historia. Moshé entrega las Tablas, los Diez Mandamientos, en el Libro del Éxodo (cap.32:16): "Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura, grabada sobre las mismas, era escritura de Dios".
"Jarut" significa tallado, grabado en la piedra. Pero nuestros rabinos, que amaban las asociaciones libres y los "juegos" con los significados manifiestos y ocultos de las palabras, sugirieron lo siguiente:
No leas “jarut” (grabado) sino “jerut” (libertad).
Léelo como "libre de la posibilidad de ser exiliado; por ello, libre del cautiverio. El cautiverio, que significa una forma de esclavitud, nos impide ser "ciudadanos" judíos plenos y completos. La libertad nos ofrece la oportunidad de vivir una vida ética y de mejorar el mundo. La libertad es la responsabilidad plena por nuestro destino y por el destino de los otros.
La
Hagadá nos dice que cada generación debe verse a sí misma como si ella misma hubiera sido redimida de Egipto. Yo me siento particularmente afortunada de haber sido incluida en la ola de liberación de las mujeres judías en los últimos 30 años. Se trata de una revolución nueva y antigua. Para mí no es menos de un pequeño milagro. Ahora puedo ser considerada una ciudadana plena del pueblo judío, particularmente en la tradición liberal judía.
Recuerdo una maravillosa discusión talmúdica sobre el lugar de las mujeres en los milagros. En un debate sobre la obligación de las mujeres de observar ciertos mandamientos, encontramos la siguiente discusión.
Nuestros sabios eximieron a las mujeres de los preceptos (
mitzvot) ligados con el tiempo. Pero tal como solían hacerlo, tan pronto como fijaban un principio, surgían las excepciones a la regla. De estas excepciones podemos aprender mucho. Los sabios se preguntaron si las mujeres no estaban obligadas a oír la
Meguilá de Purim, aunque se trate de una obligación ligada con el tiempo (la oímos en un momento específico). Y la respuesta se encuentra en el Tratado talmúdico de la Meguilá: Rabí Yehoshua Ben Leví dijo que "las mujeres estaban ciertamente obligadas a oír la Meguilá porque habían participado en el milagro". Además de eso, en
Tosafot (exégetas talmúdicos que fueron nietos de Rashí, Rabí Shlomó Yitzhaki, el comentarista medieval de la Biblia y el Talmud, que tuvo sólo hijas) se añadió: "¡La esencia del milagro estuvo en manos de una mujer, Ester! Y en Hanuká, fue Judith quien logró que se produjera el milagro; y en Pesaj fueron las mujeres virtuosas las que abrieron la senda hacia el milagro". ¿Quiénes eran estas mujeres virtuosas?, se preguntan otras fuentes rabínicas. Una posibilidad es que hayan sido las parteras, que salvaban a los recién nacidos varones, en claro desafío a la autoridad. Ellas no aceptaban el NO como respuesta. En el Tratado de
Sotá, estas mujeres virtuosas eran las que se negaban a caer en la desesperación y salían al campo a alentar a sus maridos, agobiados por las duras tareas que debían realizar.
¿Qué había en estas mujeres que las convertía en la esencia del milagro? Es posible que esas pequeñas acciones hayan producido el milagro de Hanuká, o el éxodo en sí? Lo que todas esas mujeres tenían en común era el rechazo a aceptar la difícil situación. Se rebelaban contra la realidad, no se dejaban esclavizar por el destino que les había sido impuesto. Esas mujeres virtuosas en Egipto podían ser cualquiera que hubiera desafiado alguna vez un decreto cruel, cualquiera que hubiera mantenido la cabeza en alto ante la opresión. Se negaban a desesperar. Ésa es la esencia de la libertad. En el relato del Éxodo, esas pequeñas acciones humanas preparan la escena para el gran milagro. Ésos son los pequeños gestos de amor, compasión, cuidado y esperanza, esperanza y más esperanza.
De acuerdo con un
midrash muy conocido, cuando los Hijos de Israel se detuvieron ante el Mar Rojo mientras los egipcios se acercaban, fue Najshón, que saltó al agua, quien permitió que las aguas se partieran para que todos los Hijos de Israel pudieran pasar en camino a la libertad. Siguiendo los pasos de las mujeres virtuosas, Najshón demostró la dimensión humana de los milagros.
De otra manera, sin la buena voluntad humana, sin el acto de coraje personal, Dios no puede empezar a completar la tarea. Los grandes milagros suceden cuando los milagros pequeños lo hacen posible. No podríamos estar aquí si nuestros antepasados y antepasadas no hubieran desafiado la situación en que estaban, y si no hubieran forzado el destino y transformado la realidad a través de su esperanza y coraje. No esperen la libertad. Vivámosla.